Aquella muchacha maracucha

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Sat, 18 Jul 2020 18:41:41 -0400

Tal como lo comenté en un artículo, que publicó Efecto Cocuyo en marzo de 2019, a propósito del fallecimiento de Luis Aníbal Gómez, pude conversar con este periodista y estudioso de la comunicación poco antes de su muerte.

Aquella conversación con Luis Aníbal fue muy espontánea, tal como era él, un gran conversador. Gómez había fundado junto a Antonio Pasquali el Instituto de Investigaciones de la Comunicación (ININCO) y había sido el primer presidente de la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación (ALAIC), pero de ningún modo se autodefinía investigador. Esas eran cosas de Antonio, se zafaba cuando quise llevarlo a ese terreno.

En medio de aquella conversación, que fue la única vez que estuve personalmente con Luis Aníbal, salió a colación el tema de las iniciativas de estudiar la comunicación masiva fuera de Caracas, en aquella década potente para este campo como lo fue la de 1980.

Y allá, en el Zulia, estaban aquellas muchachas maracuchas, me dijo Gómez para referirse a las mujeres que marcaron pauta en los estudios de la comunicación masiva desde la Universidad del Zulia. Hablaba Luis Aníbal de Marta Colomina, Xiomira Villasmil (1949-2011) y Migdalia Pineda, quien acaba de fallecer este 13 de julio en su entrañable Maracaibo.

Una síntesis rápida para ubicarnos con Migdalia la extraigo de un portal internacional dedicado a los estudios de comunicación de masas: Migdalia Pineda de Alcázar, egresada de la mención Audiovisual en la Universidad del Zulia (LUZ) Maracaibo-Venezuela (1975), Doctora en Ciencias de la Información en la Universidad Autónoma de Barcelona-España (1989), profesora jubilada, titular e investigadora de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad del Zulia, desde 1975 hasta 2005 e investigadora activa del Postgrado de la Facultad de Humanidades y Educación de LUZ, desde 1994.

Vinculada asimismo a la Universidad Católica Cecilio Acosta (UNICA), en donde diseñó la maestría en comunicación para el desarrollo de esa universidad, Migdalia fue una pionera en el estudio de lo que en su momento se definía como la sociedad de la información y el conocimiento.

Por los años 1990, cuando comencé a escribir para la revista Comunicación. Estudios Venezolanos de Comunicación, del Centro Gumilla, tuve el primer acercamiento con Migdalia, básicamente la leí y cité en algunos de mis primeros artículos.

Su texto Sociedad de la información, nuevas tecnologías y medios masivos fue pionero en una aproximación desde el sur, desde la periferia, a lo que implicaban en términos sociales las transformaciones que venían de la mano de las nuevas tecnologías. Este libro se editó en 1996.

Migdalia estuvo siempre atenta a las transformaciones que se venían sucediendo en el campo de las comunicaciones de masas, pero siempre haciéndolo con los pies sobre la tierra. Ella escribía, reflexionaba no sólo desde Venezuela, sino desde Maracaibo. Hilaba lo global con lo local con maestría.

Cuando me vinculé activamente a ALAIC, durante la presidencia de mi amigo entrañable Erick Torrico, hace tres lustros, conocí finalmente en persona a Migdalia Pineda. Con decisión reafirmó “de Alcázar” para que su apellido de mujer casada figurase en los programas de los eventos y las publicaciones. Me tocó organizar un par de seminarios de ALAIC en Caracas, y en ambos estuvo ella como conferencista.

Cuando asumí la presidencia de la Asociación Venezolana de Investigadores de la Comunicación (INVECOM) estuve decidido a poner punto final a unas viejas e inexplicables rencillas entre investigadores de peso en el país. Logramos de esa manera, por ejemplo, que Antonio Pasquali accediera a ser miembro emérito de INVECOM, luego de que hubiese sido un acérrimo crítico de esta iniciativa cuando la creamos, precisamente animados por la presidencia de Torrico en ALAIC.

Cuando le rendimos tributo a Pasquali invitamos a Migdalia. Le dije que la próxima en la lista sería ella, para hacerla también socia emérita de la asociación. Tenía las credenciales de sobra. Sin embargo, seguía una suerte de puente roto en su comunicación personal con la presidente fundadora de INVECOM, María Isabel Neüman, quien había sido su discípula en LUZ.

“Después hablamos, después hablamos”, me dijo Migdalia cuando literalmente la había puesto contra la pared, tratando de precisar una fecha en la cual pudiera ella volver a Caracas y rendirle el tributo que se merecía. Nunca logré que aceptara tal homenaje.

Y ahora, finalmente, se ha ido, esa muchacha maracucha que perduraba siempre joven en la memoria de Luis Aníbal Gómez.

Este artículo fue previamente publicado

 

por Efecto Cocuyohttps://www.medianalisis.org/aquella-muchacha-maracucha/


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