Del nuevo periodismo al mundo de las redes y la desinformación

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Tue, 28 Jul 2020 14:03:44 -0400

Angela Zago / [email protected]

 Los periodistas de finales de la década de los sesenta y principios de los setenta recibimos con beneplácito la llegada del “Nuevo Periodismo” que le arrebató a la famosa pirámide invertida su puesto fundamental con el cual redactábamos la información en forma directa: Qué pasó, dónde pasó a quién le pasó, cuando le pasó, cómo le pasó y finalmente por qué sucedió.

Para entonces, como ahora existía una crisis social y los medios de comunicación no ofrecían las respuestas necesarias. El nuevo periodismo permitió a través del reportaje interpretativo explicarle al lector lo qué estaba sucediendo. Un importante grupo de periodistas, apoyado en especialistas, conocedores de la materia comenzaron a profundizar en la información, para explicar  cómo y porqué surgió la crisis que entonces convulsionó a la sociedad.  

Hoy, sumergido en una crisis quizás más profunda que la de entonces, la población recibe miles de informaciones no de periodistas profesionales y, mucho menos, con el apoyo de especialista que aclare el porqué de la situación y las vías para salir de la misma.  

Las redes sociales que pudieran servir para conocer el  pensamiento y situación de la gran masa –antes silenciosa- sirven para descargar el chismorreo de la vecindad y botar angustias y desacuerdos en desorden y sin claridad.

    Las redes sociales posibilita interactuar y tocar el vecindario para decirles que la comadre o el compadre se robo unas gallinas o que la de al lado no se sabe vestir. Baja el nivel de la información y, en vez de estar en la Aldea Global de McLuhan donde se hace énfasis en las consecuencias socioculturales de la comunicación inmediata, estamos en la vecindad del Chavo.

    Las redes son fundamentales e importantes; Facebook está en el primer lugar del ranking con casi 2.500 millones de usuarios, YouTube con 2 mil millones y WhatsApp acumula 1.600 millones y, sumado al Twitter con su más de 300 millones de usuarios forma parte de ese murmullo mundial donde la información de contenido con análisis serios se pierde. Así, junto a la crisis social y política se encuentra la crisis de la información. 

Aunado a la desinformación que se produce en las múltiples y confusas redes, se instaló el periodismo del chismorreo: necesitados de seguidores, periodistas que se denominan de opinión, no van a lo profundo de los sucesos sino que, por lo contrario, se dedican al chismorreo que tienen como base fundamental atacar en lo personal a quienes tienen algún asidero público. Más que la importancia del chisme, este tipo de periodismo quiere producir el escándalo necesario para conseguir seguidores y convertirse en influencers. Busca likes que les permitirán obtener beneficios económicos. Son los profesionales de las antiguas páginas rojas tan criticadas en algún momento. Se caen a codazos en la búsqueda del público de galería que no está pendiente de respuestas profundas o claras, sino del chismorreo, la noticia fácil, el comentario ligero. 

No estamos en contra de las redes y sus usuarios, pero recuerden y estén alerta; Joseph Goebbels, ministro de propaganda del gobierno nazi de la Alemania del Tercer Reich afirmaba: “miente, miente, miente que algo quedará, cuanto más grande es la mentira más gente la creerá.”   

Desafortunadamente no estamos en el mejor momento de la información veraz, justa, equilibrada y sobretodo con contenido profundo donde se exponga criterios de especialistas que sirvan para explicar qué está sucediendo y porqué.

07/22/2020 

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¿Qué más se le puede pedir? El pase a la rebelión!! 

 

Ángela Zago // [email protected]

Gene Sharp acuñó el término "noviolencia" como una sola palabra, precisamente para diferenciarlo del pacifismo. La “noviolencia” no es pacifismo, sino una metodología de acción, una forma de confrontación. Muchas de las acciones propuestas por este filósofo y profesor norteamericano fueron realizadas durante los últimos 20 años por los venezolanos y extranjeros que hicieron vida en nuestra nación. De allí que descalificar de alguna forma a la población venezolana es–indirectamente- apoyar a los criminales que están en el poder en nuestra nación. Quizás lo único que no se ha organizado y ejecutado es la rebelión civil clandestina en forma masiva, permanente y contra los enemigos de la población. La tendencia siempre ha sido mostrar la cara; evidenciar quiénes somos y muchas veces, innecesariamente, buscar la pantalla.           

La resistencia  no debe seguir mostrando los rostros de quienes la integran. Hacer acciones precisas contra enemigos localizados y que se vayan a la mar  a buscar caracoles. Ya han apresado, golpeado y asesinado a suficientes venezolanos. No necesitamos ni un perseguido, preso o asesinado más. Existen cientos de protestas que pueden y deben realizarse desde la clandestinidad pero, sobretodo, con objetivos claros y precisos.           

Los enemigos están localizados y son evidentes. Acostumbrados a la impunidad se muestran lejos de la población pero al alcance de la resistencia. Se ha denunciado en múltiples ocasiones que estamos invadidos; primero por los cubanos; luego por sectores violentos de los autocalificados guerrilleros que no son más que malhechores de la vieja usanza: ni la FARN ni el ELN forman parte de movimientos guerrilleros, figuras creadas por la resistencia francesa con objetivos políticos y para combatir a asesinos nazis, nada que ver con traficantes de drogas, asesinos de civiles, violadores de niñas y robos personales. Sumen los “pranes” y otros tipos de criminales. Ningún político; ninguno con pensamiento o acción cercano a la humanidad: cri-minales y sin otro calificativo.

Se ha denunciado en múltiples ocasiones que estamos invadidos; primero por los cubanos; luego por sectores violentos de los autocalificados guerrilleros que no son más que malhechores de la vieja usanza.

Hoy, con la Constitución en la mano ha llegado la hora de enfocarse en el enemigo fundamental: la banda de narcotraficantes que opera desde las sedes del Poder Ejecutivo en Venezuela. Si existen otros enemigos menores o traidores  de poca mota, la resistencia se encargará de ellos; después de desalojar a los criminales fundamentales del poder.Alguien oficialmente o con máscara opositora propone ir a cualquier evento electoral: que vayan, ese es su problema o asunto. El nuestro es derrocar la dictadura. Voltear a los lados, enfocarse en asuntos menores no está planteado. Enfoquémonos en lo fundamental: sacar a los invasores de nuestra tierra, rescatar el Estado de Derecho, enjuiciar a los delincuentes y comenzar la reorganización de la nación: institución por institución pero siempre con la claridad de que el país está destruido y que, de sus escombros tenemos que edificar y sembrar la bandera de la dignidad, la honestidad y la actuación política decente.

Si el enemigo consigue a grupos, personas, “dirigentes” que deseen acudir a legitimarlos, es asunto de ellos: lo nuestro es la lucha clara, decidida y no violenta pero precisa, con fuerza y confianza contra los delincuentes. Las caras de los valientes y las valientes deben ser conocidas después, cuando tenga el poder y las armas en las manos; por los momentos: la clandestinidad es vital. La pantalla déjenselas a quienes la necesitan.Cuando precisas y deseas echar abajo a unos delincuentes con poder político, se debe fortalecer a la población y darle la confianza necesaria para que se incorpore a la resistencia. Fortalecer a los grupos sociales e instituciones independientes y crear y desarrollar un amplio y concienzudo plan estratégico global para la liberación y ejecutarlo con destreza y sobretodo sin mostrar la cara al enemigo.La Constitución nos ampara: artículos 333, artículo 350 y artículo 328. Insisto: La rebelión ciudadana como resistencia a la opresión data desde la época de filósofos como Platón y Aristóteles y hasta representantes de la Iglesia como Santo Tomás tocaron y apoyan el derecho que tenemos a rebelarnos….La rebelión está en marcha, es nuestro derecho


Tenemos derecho a exigir Solidaridad

 

Ángela Zago // [email protected]

 Hace poco un hecho insólito ocurrió en Orlando: un cura católico desde el altar pidió a los feligreses que no acudieran a oír la misa que el padre José Palmar realiza al aire libre en un parque de Orlando ya que, a pesar de tener un par de años refugiado en Florida, la Institución Eclesiástica a la cual pertenece no le ha ofrecido ni apoyo personal ni trabajo; además de no darle el permiso oficial para realizar su labor.

 Los católicos venezolanos desde hace unos meses han tratado de colaborar con el padre Palmar y le están ayudando con el objetivo de construir una pequeña capilla para que el sacerdote pueda ejercer su trabajo. Pero su Iglesia, sus compañeros de profesión y de fe, en vez de ampararlo han tratado que otros católicos no le ayuden.

            No sólo para un católico, esto es insólito y van contra los principios de su fe, sino también va contra la idiosincrasia del venezolano.

Ser solidario es casi una conducta obligada por formación familiar y religiosa nuestra. El que una persona se cayera en la calle, fuese atropellada o agredida por alguien se convertía en casi un deber de quiénes estuvieran cerca, de intervenir de inmediato. No hacerlo, para los venezolanos era casi inmoral.

            En los barrios y campos pobres de nuestra nación era normal que un vecino toque la puerta para pedir ayuda para otro de los vecinos, para colaborar en sus necesidades; incluso para el entierro.

             Los venezolanos no fueron sólo solidarios entre sí, es público que la sociedad venezolana tiene un origen multicultural debido a las migraciones que desde el siglo 19 y veinte llegaron a nuestro territorio.

            Con el fin de la Segunda Guerra Mundial y de la Guerra Civil española, numerosos europeos se embarcaron hacia Venezuela. Así llegaron italianos, portugueses, españoles, búlgaros, alemanes, húngaros, holandeses, rusos, pero fundamentalmente italianos, españoles y portugueses.

Entre 1951 y 1958 llegaron a Venezuela, 200 mil gallegos y canarios y también llegaron cientos de miles de italianos y portugueses que se dedicaron a la construcción, manufactura de calzados; venta de alimentos, a la carpintería u otros oficios. Los portugueses a las panaderías y areperas.

            Las décadas de los setenta y ochenta vieron llegar colombianos por la desigualdad económica; en 1980 el PIB per cápita venezolano triplicaba al de su vecino país, Colombia y la violencia en el territorio colombiano también obligó a millones de ciudadanos a huir hacia nuestro territorio.

            Miles de ecuatorianos emigraron a nuestro país en la década de los setenta y fueron recibidos con amplia solidaridad. Gozaron de beneficios jurídicos, atención primaria de salud, educación y obtuvieron trabajo.

            De igual forma llegaron peruanos en la oleada de fuga de cerebros profesionales que ingresaron en la década del gran boom de la economía venezolana.

            Venezuela recibió a los argentinos que huían de la dictadura de Jorge Videla; a chilenos que a su vez huían de la dictadura de Augusto Pinochet. En los últimos años de la década de los ochenta, miles de panameños también fueron acogido en territorio venezolano. Durante la dictadura de Trujillo, muchos dominicanos recibieron amparo en Venezuela y pudieron desarrollar sus habilidades personales y profesionales y se insetaron en la sociedad venezolana sin reparos sociales ni de otro orden.

Para finales del 2017, casi 5 millones de venezolanos habían huido de Venezuela, de los cuales casi 500 mil se refugiaron en Estados Unidos.

            El presidente de la Organización de Venezolanos Perseguidos Políticos en el Exilio el teniente José Colina denunció que más de 400 venezolano están detenidos en los centros de inmigración de este país, desde hace unos dos años.

El padre José Palmar, al igual que los venezolanos presos en los centros de inmigración de Estados Unidos necesitan y merecen la solidaridad de los propios venezolanos y de hispanos americanos y europeos que recibieron la solidaridad de nuestra sociedad.

Hoy necesitamos solidaridad y, les aseguramos que cuando nuestro país sea rescatado de las manos criminales que manejan el poder político en Venezuela, volveremos a recibir con gusto y solidaridad a personas de todo el mundo.

Fuente.  https://acentonews.com/desdeorlando52


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